4 may 2011

El oficio

Cada cierto tiempo,
distraído como siempre,
una piedra me hace zancadillas
y no puedo hacer otra cosa
que recogerla, guardarla en mi bolsillo
y divagarla
como un acto masturbatorio-mental.

En otras ocasiones,
estando sentado en una acera,
o echado sobre mi guata,
una de ellas cae de súbito sobre mi cabeza
generando las siempre bien ponderadas
caídas en cuenta.

Llegando a casa,
le hago un espacio entre la enorme cantidad
de piedras que obligatoriamente (entiendo ahora)
me obsesionan
y que he tenido que recoger, guardar y trabajar.

Algunas se dejan malear muy fácilmente:
me ha tocado el honor de ser el ají
que tanto querían para su caldo.
Otras no, me salen re chúcaras
se ponen duras al cincel,
mañosas.

Me dispongo al oficio como un técnico, como un esquizoide,
como un religioso, como un borracho:
Imagino la forma,
Pronostico el clima,
Labro la piedra,
Vibro la cuerda,
Bailo la nota,
Busco la sombra,
Pienso la luz.

Y la forma se me insinúa,
El sol me responde (hoy no toca lluvia, lo siento…),
La piedra se deja partir,
La cuerda se me escapa,
La nota me enseña su cintura,
La sombra me recorta,
La luz me hiere.

Y no.

Así quiero que pasen mis años.

2 comentarios:

  1. excelente pato!
    me robaste el título de la cabeza.
    está buenísimo
    sobretodo el final

    aquí está el soundtrack mira:
    http://www.youtube.com/watch?v=-XMCneeAD08

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  2. oye cristobal: definitivamente!

    gracias.

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