4 jun 2011

Lo dicho por mi ahora no vale marrato

Si es por darse vuelta la chaqueta
aprovecharía más bien de tirarla a la basura
por lo vieja y pasada de moda que está:
(porque hay que saber
estar a la moda, pue!!)
mejor comprarse otra,
una que esté a la bajura de las circunstancias
que por muy baja,
haaarto interesante que está.

Porque hoy en día uno no sabe
con qué se va a topar a la vuelta de la esquina:
una bella muchacha…
una tremenda oferta laboral…
una oportunidad de dejarle claro a la mitad
del mundo que está por debajo de uno
lo importante y grandioso que uno es
o la nada despreciable y siempre muy irrazonable
y ridículamente ponderada oportunidad de
dejarle claro a la otra mitad que
desde atrás pica el indio…
para todo ello y más conviene que exista mastercard
y los wenos champús
y la oportunidad de no solamente darse vuelta la chaqueta
si no de cambiarse el peinado,
cultivar el bigote
y andar bien perjumadito
(como decía otra que bien baila…)

Si pa’ que tamos con cosas:
el cuerpo del ser humano
no es la chaqueeeta poh: es wena percha.
Y las wenas perchas hay que vestirlas como corresponde:
pa eso diosito nos ha dao lo que hemos tenío:
los grandes boliches, sus jugosas ofertas
y la oportunidad de comprar a crédito y
en cómodas cuotas la felicidad pue!!

Porque si es cosa de ser guatamarilla
harto más me gusta el negro, y dependiendo del día
el naranjo combinado con el café
o con el azul:
¿y por qué pintarse la guata y la cara de un puro color
cuando existen tantos,
y, más encima pa’ rematarla
el alto desarrollo tecnológico-industrial de nuestro
querido mundo lleno de comodidades
y represas,
nos permite una gama de rica de combinaciones
en un momento donde, al parecer
todo indica que la orgía de opiniones
en una actitud open-mind, (of course, my horse),
es lo no solamente favorable, sino necesario?
donde
todo indica que el conjunto hace al maestro?

Porque si he saltado y gritado
‘Patagonia sin represas!’
también he de reconocer que harto
que me gusta bañarme largo y tendido
con agüita calientita,
he de reconocer que harto que sirve
internet, facebook, la tele y todas sus mierdas,
que a esta altura ni cagando aprieto firme mi mano
ni hundo el arado en la tierra:
hace años que vivo en ella
y ya ni la reconozco,
mejor vamos a la esquina:
la hallulla a las 7 es insuperable
y sale calientita.

Y como me encanta estar en desacuerdo
conmigo mismo
(por supuesto que me fascina
estar muy de acuerdo también...),
entonces
voy a aprovechar la oportunidad de hacer(me)
una aclaración:
cabro ‘e mierda este!
cállate callao! profano!
miren ve: andar diciendo por ahí que el cuerpo es percha!
el muy conchesumadre…
¿acaso no sabí que el cuerpo es
la sangre misma por donde corre,
salvaje e indómita,
irreconocible,
la desobediencia divina,
la sed verdadera?
¿qué hay con eso?

¿qué hay con esa búsqueda que adviertes en ti
y en cada ser humano que se te cruza?
¿donde y a través de qué se expresa?
¿acaso no sospechas que allí
está también lo sagrado?



(P.D.: por supuesto que tú,
sí: tú
puedes adivinar cuál sería el final lógico de este escrito...
pero como tú,
no, tú no, el otro tú
no puedes hacerlo, mejor lo dejamos escrito,
para que después no salgas pelando
que uno deja las cosas a medio hacer...)
[P.D. 2: no!, me mal tergiversaste: no lo digo por ti:
lo digo por ti!, por ese otro ti!
si yo sé que tú no me pelarías!!...
pero, dejando de lado nuestra hipocresía característica,

tú sí...] :

Y no.

9 may 2011

La canción que late dentro

Quiere el hombre en su naufragio
curvar la línea del presagio.
Un perfume negro acero
lo persigue hace milenios.

La canción que late dentro
quiere la luz, no el tormento.
Busca hace años un sentido
vivir la fe, saltar el abismo.

Un grito azul grisáceo
se oye sordo en solitario:
es la sombra del destino
que en otros labios adivinó.

Pero el hombre
toma del sol
la rosa blanca:
su inspiración,
levanta el pecho:
asume el rol,
y honra la tierra
en su rebelión.
Llegó su hora
camina al sol,
la noche plata
le da su amor,
deja la tierra,
deja las horas,
deja el espacio,
la dimensión,
levanta el vuelo
con dirección,
abre los ojos:
ya despertó.

4 may 2011

El oficio

Cada cierto tiempo,
distraído como siempre,
una piedra me hace zancadillas
y no puedo hacer otra cosa
que recogerla, guardarla en mi bolsillo
y divagarla
como un acto masturbatorio-mental.

En otras ocasiones,
estando sentado en una acera,
o echado sobre mi guata,
una de ellas cae de súbito sobre mi cabeza
generando las siempre bien ponderadas
caídas en cuenta.

Llegando a casa,
le hago un espacio entre la enorme cantidad
de piedras que obligatoriamente (entiendo ahora)
me obsesionan
y que he tenido que recoger, guardar y trabajar.

Algunas se dejan malear muy fácilmente:
me ha tocado el honor de ser el ají
que tanto querían para su caldo.
Otras no, me salen re chúcaras
se ponen duras al cincel,
mañosas.

Me dispongo al oficio como un técnico, como un esquizoide,
como un religioso, como un borracho:
Imagino la forma,
Pronostico el clima,
Labro la piedra,
Vibro la cuerda,
Bailo la nota,
Busco la sombra,
Pienso la luz.

Y la forma se me insinúa,
El sol me responde (hoy no toca lluvia, lo siento…),
La piedra se deja partir,
La cuerda se me escapa,
La nota me enseña su cintura,
La sombra me recorta,
La luz me hiere.

Y no.

Así quiero que pasen mis años.

Resquicio Legal en la Conciencia

Supe de alguien que lo logró descifrando el mensaje oculto en las rayas de un tigre. Yo lo rocé entre las líneas de un libro de Hesse. Fue primero una sospecha, luego una conmovedora certeza: (próxima estación: Ecuador) ya no perseguía nada, ya nada deseé, todo me pareció perfecto: me (Ecuador.) rendí ante la vida y su belleza. Entonces, y durante el infinito segundo que dura el fulgor de una chispa en la oscuridad (se inicia el cierre de puertas...), fui libre y feliz.

San Pedro tiene la llave...

Quinta Normal, domingo. Un balón surca el aire en cámara lenta, abajo son los gritos, la contracción muscular, el sudor, los ojos atentos al periplo aéreo. Allá el agua festeja alegremente, dichosa de encontrar el escape a la manguera. Las cúpulas de los árboles comparten bondadosas el azul del cielo con la corona de la catedral: sí, es mentira: lo humano no se opone a lo divino. Mientras, a lo lejos una campana se deja descolgar y rueda crujiente y cremosa hasta nosotros. El sol es un óleo que se derrama sexualmente en el mundo. El Universo entero en perpetuo movimiento granular. Entregados como estábamos a la degustación de una realidad orgiástica sin precedentes, es que comprendimos por qué dicen que...

Así vibro

Amo las notas: me fa-sci-nan!
de preferencia ordenadas,
de disciplina marcial,
exactas: la energía precisa en el punto preciso.
Con sensación a ropa limpia, recién secada por el sol,
recién puesta en un cuerpo recién bañado,
en una pieza ya nada más perfectamente recién aseada.
Notas largas,
elegantes y sofisticadas,
de exagerado cuidado en la pulcritud.
Amo cuando suenan afinadas,
cuando
se
deslizan
por
el
tiempo
y
el
espacio,
sin
sobre-
saltos,
sin imperfecciones:
como cama recién hecha por la abuela.
O cuando se dejan caer, como gotas
de una lluvia sin plazos…
así: softly…
O como cuando se hermanan y se son
cimientos las unas a las otras
y entonces con la fuerza del conjunto
se toman por asalto cada poro de la piel
cada hebra de la materia
y se abren paso con la buena nueva
por los nanorecovecos de cada célula
polarizándolas,
y llegan a la pineal
y llegan al corazón,
hechas leños
que alimentan un fuego
soplado desde un muy lejos muy querido
y muy, muy íntimo:
el fuego sacro,
primigenio y primordial.

A su vez, confieso una lasciva atracción
por el ruido:
el reconocimiento sincero y visceral
de los deseos groseros,
la violación,
el morbo sadomasoca,
las manchas,
la ira, el desenfado magistral,
la orgía divina:
ese fluido azul
que abriéndose paso a través
de la guitarra
llega a ser (violentamente)
vomitado,
hiriendo los oídos,
perforando el himen:
rasgando el cielo.

Así vibro
cuando mis cuerdas afino
y me hago el amor a mí mismo
(y qué tanto!?)
y entonces
desde las propias entrañas
de mi tierra estomacal
exploto en un orgasmo
que no es otra cosa
que un grito susurrado
que apenas logro adivinar
desde Lo Profundo:
la Vida misma.